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Las elecciones en Ecuador inauguran el periodo ‘decolonial’ en América Latina

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09Feb(Confidencial).-Está aún por decidir quién se enfrentará al correísta Andrés Arauz en la segunda vuelta. Pero Ecuador ha cambiado y el movimiento indígena se erige como el motor de ese cambio decolonial en América Latina

En las elecciones que han tenido lugar este 7 de febrero en Ecuador, competían 16 candidatos, de los cuales tres de ellos tenían posibilidades reales de ser el próximo presidente del Gobierno.

Como el candidato correísta Andrés Arauz no ha alcanzado el 40% de los votos, y por lo tanto no puede formar gobierno, se celebrará una segunda vuelta el 11 de abril. El exbanquero Guillermo Lasso, líder y fundador del partido CREO y segundo por detrás de Arauz, representaba una idea que, aunque en Europa esté cada vez más desprestigiada, en América Latina aún funciona como polo de atracción.

Estamos hablando de la meritocracia. Hoy existe un considerable número de ecuatorianos convencidos de que, mediante el esfuerzo y el trabajo duro, cualquier persona puede llegar a ‘ser alguien’, es decir, puede llegar a ser propietario de un pedazo de tierra sobre el que pueda construir su casa.

En un eje de coordenadas a día de hoy ya anticuado, a Lasso se le podría encuadrar en la derecha, y el economista Andrés Arauz representaría la joven esperanza del correísmo, es decir la izquierda. Arauz proyectaría un concepto igual de antiguo (y europeo) que la meritocracia, y que también ahora se encuentra en disputa. Estamos hablando del progreso.

Recordemos que Ecuador ha vivido dos grandes periodos históricos de ‘boom’ petrolero. El primero dio comienzo en los años 70 y terminó con la llegada de una crisis financiera en los 90. El segundo ‘boom petrolero’ comenzó en 2003 y terminó en 2014, haciendo que el modelo de país que había planteado el correísmo se viniera abajo.

El hecho de que recientemente el Consejo Electoral prohibiera a Arauz usar carteles electorales con la cara de Correa nos ayuda a entender como el correísmo no simboliza únicamente una etapa histórica (del pasado) en Ecuador.

A través del último ‘boom’ petrolero el correísmo fue capaz de darle al estado ecuatoriano los dos grandes moldes sobre los que se han sostenido hasta nuestros días las naciones modernas. La creación de un ‘appáratchik’ (cuerpo de funcionarios con suficiente poder como para condicionar la vida política del país) y el consumo de bienes y servicios como eje vertebrador de la vida cotidiana de los ecuatorianos.

La fuerza del partido indigenista

Si dentro de la modernidad tienen cabida tanto el progreso como la meritocracia, el tercer candidato proviene de una tradición de pensamiento que tanto en Ecuador como en otros países de América Latina ha ido cogiendo fuerza a lo largo de los últimos años. Yaku Pérez, antiguo prefecto de la provincia de Azuay, aspira, desde el partido indigenista Pachakutik, a poner en cuestión la misma idea de modernidad. “Para Occidente solo existen 3 reinos: vegetal, animal y mineral; para los abuelos andinos hay un potente cuarto reino, el espiritual.” Esta cita es de un libro de Yaku del cual Catherine Walsh, una de las intelectuales que más peso ha tenido en el ‘giro decolonial’, escribió el prólogo

Recordemos que el correísmo ya había tratado de incorporar el pensamiento indígena a las instituciones ecuatorianas​. 

En el preámbulo de la actual constitución ecuatoriana, promulgada un año después de la llegada de Rafael Correa al poder (2008), aparece el ‘Sumak Kawsay’ (‘buen vivir’ en quichua) como un guiño hacia formas de vida donde el progreso y la meritocracia (como símbolo de estatus y acumulación de dinero) no sean los únicos ejes desde donde la sociedad ecuatoriana ha de evolucionar.

Sin embargo, el ‘Suma Kawsay’ no pasó de ser un guiño. A día hoy, los mayores éxitos del correísmo tienen más que ver con asentar las primeras bases sólidas de la modernidad en Ecuador (campañas masivas de alfabetización, desarrollo de importantes infraestructuras, salida de la extrema pobreza de un considerable número de personas…) que con plantear un debate serio sobre cuál debe ser el modo de vida de los seres humanos en el actual siglo XXI.

Walter Benjamin, posiblemente quien mejor supo descifrar la modernidad, aseguró que “todo documento de cultura es también, y simultáneamente, un documento de barbarie.” Y la cultura en Ecuador tiene que ver por encima de todo con el acceso a la educación superior. Llama la atención que tanto el candidato correísta Andrés Arauz como el candidato indigenista Yaku Perez hayan realizado estudios de postgrado (el primero en economía y el segundo en jurisprudencia). Más interesante aún es que el candidato de la derecha, Guillermo Lasso, ni siquiera posea un título universitario. En la cultura andina, de la que provienen tanto Yaku (en su forma mas indígena) como Arauz (en su expresión más mestiza) sigue habiendo una herencia del periodo colonial donde el acceso al máximo grado de conocimiento institucional es sinónimo de poder.

Un país obsesionado con su expresidente

Por el contrario, Lasso nunca ha escondido sino que más bien ha hecho gala de su falta de estudios universitarios argumentando que siempre estuvo obligado a «buscarse la vida». Nada más auténtico y honesto para un ecuatoriano de la costa que empezar a trabajar (a buscarse la vida) a la edad de 15 años. En plena campaña, a través de un controvertido ‘post’ de Facebook, Lasso aseguró que los ecuatorianos deberían tener derecho a llevar armas para poder defenderse de los delincuentes. En un país donde los niveles de pobreza han aumentado significativamente provocando a su vez el aumento de la delincuencia, la cultura europea deja paso poco a poco a una modernidad proveniente de los Estados Unidos, donde el individuo ha de protegerse de un entorno hostil.

Dos acontecimientos relacionados entre sí retratan la sensibilidad política de los ecuatorianos en esta carrera presidencial. El primero fue la rebelión de octubre de 2019, una revuelta indígena que provocó, por primera vez en la historia de Ecuador, que un Gobierno (presidido entonces por Lenín Moreno) trasladara su sede de Quito a Guayaquil. No es una coincidencia que, el mismo día que se produjo este acontecimiento histórico, Moreno culpara a Correa de intentar dar un golpe de Estado. El segundo acontecimiento, que tuvo lugar tan solo unos meses más tarde, fue la condena a ocho años de prisión del expresidente Rafael Correa por el caso Sobornos.

Sin embargo, los protagonistas de esa rebelión de octubre no fueron los correístas, que de una forma u otra se habían visto beneficiados de la consolidación de una modernidad ecuatoriana producto del segundo ‘boom’ petrolero. Ni siquiera el partido indigenista Pachakutik pudo controlar ese estallido social que aparentemente protagonizaron los indígenas provenientes del Ecuador rural. Las escenas de violencia más descarnadas de aquel mes de octubre tuvieron lugar en el enfrentamiento entre la policía y sectores populares de distintos puntos del país. El resentimiento hacia Lenín Moreno fue canalizado desde estudiantes de las universidades públicas de la ciudad hasta indígenas provenientes del Ecuador más rural. En un país donde las distinciones entre lo urbano y lo rural cada vez son más borrosas, las protestas de octubre fueron exitosas debido a su espontaneidad. Las imágenes de esa rebelión aún están metidas en las cabezas de los quiteños. Muchas veces en forma de dolor y perturbación. Por eso Yaku Pérez se ha cuidado en gran medida de no hacer de esas protestas el eje central de su campaña electoral.

Los orígenes étnicos de los candidatos han estado más presentes que nunca en esta campaña electoral. Yaku Pérez (cuyo nombre al nacer era Carlos) fue acusado por sectores correístas de no ser indio, es decir, de ser un impostor. Automáticamente, seguidores de Yaku se lanzaron a la contraofensiva publicando fotos de su familia para demostrar sus orígenes humildes.

Termina la ley seca en Ecuador (recordemos que en época electoral se prohíbe vender alcohol 48 horas antes de las votaciones) y todo indica que habrá segunda vuelta ya que ningún candidato ha alcanzado la mayoría suficiente para poder gobernar. En los primeros sondeos de la tarde, la gran ventaja del correísta Arauz sobre el segundo candidato, el ferviente anticorreísta Guillermo Lasso, auguraban una segunda vuelta previsible, y un nuevo periodo político donde lo viejo (el correísmo y el anticorreísmo) seguiría condicionando la vida cotidiana de los ecuatorianos. Cuando llegaba en taxi a mi casa, le pregunté al conductor por quién iba a votar. Él me respondió que por Yaku Pérez. Le pregunté si simpatizaba con el movimiento indígena. Me dijo que ese movimiento no le había influenciado en nada a la hora de votar. Entonces le miré sorprendido. Y él me lo explicó de forma muy clara. “Arauz representa el correísmo, es decir la izquierda. Lasso representa el anticorreísmo, es decir, la derecha. Los dos son radicales”, concluyó.

Pase lo que pase en la segunda vuelta, no hay que olvidar que hace poco más de un año todas las miradas del mundo pusieron sobre Ecuador cuando parte del movimiento indígena tomó la Asamblea Nacional. En los próximos cuatro años ese mismo movimiento tendrá suficiente poder para condicionar la política ecuatoriana. Pachakutik hace referencia al ‘eterno retorno’. Según este mito andino, desde la llegada de los europeos hace más de 500 años, los pueblos originarios no han cesado en su persistencia de volver a vivir en armonía. Ecuador se ha convertido, desde el día de hoy, en la nueva esperanza ‘decolonial’ de los pueblos originarios a lo largo y ancho del continente americano.

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